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¿Hasta cuándo?

por Miguel Dean Rubio 03 Septiembre 2015 Publicado en OPINIÓN

Hay imágenes que tienen el poder de sacudir y de resumir en un segundo la situación que se vive. Así ha sido con la terrible imagen del niño Aylan Kurdi, de solo tres años, encontrado en la orilla por los guardacostas turcos y que murió al naufragar la barcaza en la que viajaba mientras intentaba llegar a la isla de Kos (Grecia). El niño formaba parte de un grupo de refugiados que huían de la guerra de Siria; murieron 12 de ellos, de los que cinco eran menores de edad.

Publicar este tipo de imágenes es un dilema periodístico. Por un lado porque son insoportables. Por otro lado, precisamente por que lo son, a veces son necesarias para despertar conciencias, no tanto de la sociedad civil y de los miles de voluntarios que están trabajado sobre el terreno, sino de una clase política que solo parece movilizarse cuando sienten en su cogote la indignación de la opinión pública.

Y eso que la situación lleva tiempo siendo incontrolable y no es precisamente la primera tragedia a la que asistimos este verano. Solo entre el 1 de enero y el 1 de septiembre de 2015, al menos 351.314 personas han llegado a las costas europeas, principalmente a Grecia (234.778 personas) e Italia (114.276), seguidas muy de lejos por España (2.166) y Malta (94). Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), al menos 2.643 personas que intentaban llegar a Europa han perdido la vida en el Mediterráneo, aunque el organismo reconoce que la cifra puede ser muy superior.

¿Cuántos niños como Aylan Kurdi han muerto ahogados? ¿Cuántos más deben morir?

La llegada masiva de refugiados a Europa, que ha sido reconocido como el mayor flujo migratorio que se registra desde la II Guerra Mundial, ha enfrentado a las autoridades europeas a la realidad de una tragedia de dimensiones colosales. Pero solo parecen concernidos cuando una imagen realmente dura pone en evidencia su ineficacia, su mezquindad y su cortedad de miras.

No es posible, por ejemplo, dejarle "la papeleta" a Jordania, Líbano y Turquía, principales países en los que ha recaído el flujo de exiliados sirios. Estos países han empezado a imponer restricciones ante los nuevos ingresos, y con razón: se encuentran más que desbordados. Turquía ha acogido a 1,8 millones de exiliados (el 2,3% de su población), Jordania a Jordania a 630.000 (un 9,4%) y Líbano a 1,2 millones (nada menos que un 27,9% de su censo). Como tampoco es lógico, ante una crisis de estas dimensiones y los problemas que tiene Grecia, esperar que lidie a solas con el gran número de refugiados que llegan a sus fronteras escudándose en el Convenio de Dublín, que obliga al país al que primero entra un refugiado a tramitar su demanda de asilo.

A pesar de lo muy denostado que es Viktor Orban, cada país parece estar más preocupado por sus fronteras inmediatas que de un plan conjunto, dejemos aparte ya la simple solidaridad. Pero una cosa está clara: las fronteras de Grecia son las fronteras de Europa.

Gran parte de los problemas europeos (y mundiales) surgen de intentar buscar soluciones locales a problemas que son globales. Es el momento de superar fronteras y de unir fuerzas si queremos que el mundo siga siendo un lugar habitable, y si Europa pretende seguir siendo garante de los derechos humanos no puede quedarse de brazos cruzados.Ya llega tarde.

Esperamos que no tengamos que ver más niños ahogados en la playa para que los líderes europeos se pongan en serio a trabajar y se dejen de populismo. De momento, y a la espera de acontecimientos, no parece que una reunión de ministros de Interior y Justicia (sin jefes de gobierno) y programada para el 14 de este mes vaya a ser el mejor comienzo.


Efecto mariposa

por JOSÉ RAMÓN PENA 27 Julio 2013 Publicado en OPINIÓN

De acuerdo con ciertas teorías físicas hoy en boga, existe un principio según el cual el simple batir de alas de un lepidóptero amazónico podría desencadenar en otro lugar del planeta una tempestad de magnitud inimaginable... Algo parecido ha debido de ocurrir esta semana cuando el trágico descarrilamiento de un tren en Santiago motivaba que el Gobierno hiciera pública una carta de condolencias en la que se deploraba a las victimas... de un terremoto en el centro de China...

Entra dentro de lo probable que entre ambos lamentables acontecimientos exista una secreta correspondencia... Tal vez la luna pasase demasiado cerca de la esfera de Saturno, o quizás el sol entrase por Piscis en vez de por Antequera... Ya se sabe que Santiago es una urbe algo meiga y algo hechicera, quien sabe si con ocultas correspondencias terráqueas con el Celeste Imperio, ciudad de la que justamente da la causalidad que es oriundo nuestro rajá Rajoy...

Que dicho presidente de la nación haya sido incapaz de escribir, o de hacer escribir, como Dios manda, una puta carta de condolencia a los fallecidos por una desgracia ocurrida, para mas inri, en su propio terruño, dice mucho de lo poco que le interesamos a ese viboresco estafermo siseante los ciudadanos de a pie.

Podría, al menos, haber alegado, como se hacia hace tiempo en la tele, que "los duendecillos de los medios de comunicación habían hecho de las suyas". Es probable que esos traviesos trasgos esclavos se hayan materializado en forma de becario de carne y hueso, listo para explotar hasta la medula y para ser exprimido hasta la sangre...

Cabe la posibilidad también, y me hace feliz imaginar esto, lo confieso, de que ese fungible precario se haya permitido una pequeña venganza hacia los responsables de su existencia sin futuro, y haya hecho las cosas mal aposta como hijoputesca forma de protesta, dejando al Gabinete Portacoz del Gobierno ante la opinión pública sin bragas y con el culo al aire... Si eso fuese así, sé bien que Guido Fawkes esbozaría una maliciosa sonrisa bigotona y amarga en las entrañas de su bunker secreto atestado de libros y música, su única fuga posible a un Estado odioso y en crisis camuflado de democracia parlamentaria...

Nuestro más sentido pésame a los familiares de las victimas del desastre de Santiago, en su nombre, y en el mío...


Feliz día del Orgullo Friki

por JOSÉ RAMÓN PENA 25 Mayo 2013 Publicado en OPINIÓN

Sí, amigos, hoy es ese maravilloso día en el que nuestras fantasías deberían cobrar realidad, pese a la que está cayendo. La mayoría de nosotros pertenecemos a esa de-generación que creció queriendo ser astronauta de mayor, y ha logrado ser solo precaria... ¡Cómo cambia la película! En el colegio se nos explicaba que en el año 2000 todo estaría hipertecnificado y mineralizado, y que robots inteligentes se ocuparían de todos nuestros quehaceres domésticos y salvajes... Pero, pasada ya una década de aquellos sueños de ovejas eléctricas, los hombres de negro se dedican a perseguir a los morosos, y rabiosos escuadrones de esbirros acorazados mandan a familias enteras al espacio exterior, también conocido como la puta calle...

Pero hoy, 25 de mayo, no me voy a poner a lanzar anatemas contra este sistema cada vez más diatópico, injusto y orwelliano que se nos ha creado, porque es un día de soñar, crear e inventar realidades paralelas para lelos como nosotros, pobres humanoides que hemos prescindido del 1 de mayo porque no tenemos un trabajo digno, y encima por no tener no tenemos ni un santo patrón, que a mi entender debería de ser Santo Tomás de Aquino, el santo más friqui, creo, del calendario... Es verdad que no conocía la machina computatoria o el computatrum, que es como se dice ordenador en latín, pues en sus tiempos aún no se había inventado, ni tampoco se conectaba a interrete, que aún no existía, pero intercambiaba ficheros y archivos con monjes de monasterios de todo el orbe cristiano de la época, con los que se escribía en latín (hoy lo haría en klingon), controlaba su correo a diario y se hizo construir una mesa de trabajo con un rebaje en el tablero que le permitía acomodar su enorme barriga, producto del sedentarismo de sus aficiones lectoras y escriturarias... Además, aborrecía el sexo y la violencia... lógico que sin mojar acabase de monje... Todo un friqui avant la lettre, si Señor: ¡Cómo se parece la Edad Media a nuestros tiempos! Bueno, el hombre medieval no conocía la precariedad laboral...

Pero si los friquis de todo el mundo debiésemos escoger un patrón imaginario, antes que uno real, que de ésos las cátedras de Matemáticas y Filosofía están bastante saturadas, ése sería sin duda Don Quijote de la Mancha... No pienso que haya un personaje más friqui en la literatura que este hidalgo sin oficio ni beneficio... Cambiad sus libros de caballerías por fantasías interplanetarias, el yelmo de Mambrino por la oscura celada de Darth Vader, los molinos de viento por la realidad virtual, la cueva de Montesinos por la filmoteca, y ante vosotros tendréis al antihéroe del siglo XXI refugiado en su mundo interior de castillos y princesas encantadas... Sus tragicómicas aventuras surgen de ese choque de ambos mundos... Disfrutad de ellas olvidando lo que aprendisteis de Cervantes en el instituto o copiando descaradamente en la EGB, pues con la buena literatura pasa como con los condones, están hechos para dar placer, no para atormentar...

Mas dejémonos de clases magistrales... Hoy mi espíritu cabalgará con todos vosotros por la Gran Vía sosteniendo una espada láser, cortando cabezas de endriagos y vestiglos venidos de allende... Disfrutad de la cabalgata tanto como mi persona, ah, y por supuesto,

Que la fuerza os acompañe...

Mundos de primera y de segunda clase

por C.S. PRIEGO 16 Abril 2013 Publicado en OPINIÓN

"Pero... ¿en qué mundo vivimos?" Gritaba, esta mañana desde la pantalla del televisor, una desencajada señora norteamericana tras el atentado ocurrido en  Boston. Curiosa e ingenua pregunta que, por desgracia, muchos se repiten hoy desde el sofá de su casa mientras observan ángulos y más ángulos de la impactante noticia registrada, oportunamente, por las cámaras de televisión y grabada, una y mil veces, por los dispositivos móviles de los presentes. Como si de algo inusual se tratara en un mundo en el que la violencia indiscriminada se sucede a diario y para la que hemos desarrollado una coraza especial que nos hace inmunes. Pero claro, hablamos de Boston, una de las principales ciudades de los Estados Unidos convertida, muy a su pesar, en el centro mismo de la noticia.

Desde el mismo momento en que sucedió el tremendo suceso, miles de periodistas se echaron a la calle en búsqueda de testimonios que aportasen el más mínimo detalle. Ese que no tiene nadie y que esperan, ávidos, sus jefes en las redacciones de medio mundo para servírselo en bandeja a su audiencia, una y otra vez, a sabiendas del interés que despierta. Y mientras, los servicios de seguridad, aún conmocionados, tratan de encontrar a los responsables sin reparar en los métodos para hacerlo. Si hay que cortar calles, se cortan; si hay que cerrar espacios aéreos, se cierran, si hay que bloquear las comunicaciones, se bloquean; todo sea por de la seguridad del Estado y de los ciudadanos que lo conforman.

Parece un giño del destino que, hoy precisamente, nuestro compañero Manu Brabo haya conseguido el premio Pulitzer de fotografía con una imagen que, salvo por la pobreza que se infiere en ella, bien podría haberse obtenido ayer en Boston tras el brutal atentado: Un hombre arrodillado, llora desconsolado mientras sostiene el cuerpo muerto de un niño. Y sin embargo, qué diferente interés, qué diferente cobertura, qué diferente persecución, qué diferentes consecuencias.

Hoy más que nunca y gracias, sobre todo, a los medios de comunicación somos conscientes de que, tras los muertos y heridos de Boston, hay historias de gente real. Habremos, por tanto, que agradecerselo a esos medios que hoy, y mañana, y pasado, insistirán en mostrarnos el lado humano de la noticia con el mismo interés e insistencia con el que olvidan el sufrimiento y la violencia en la que se desenvuelven, cotidianamente, la gente en otras partes del mundo. Propongo, por tanto, que en lugar de preguntarnos, ingenuamente, en qué mundo vivimos, empezasemos a pensar en el por qué existen dos mundos, uno de primera y otro de segunda, en el por qué de tanta desigualdad o por qué la vida humana importa más o menos según el punto geográfico en el que tengas la suerte o la desgracia de nacer. Busquemos las respuestas y tendremos, sin duda, un solo mundo y muchísimo mejor.



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